CUADERNO DE NOTAS DE GONZALO SOLTERO
(PARA IDEAS ESCURRIDIZAS Y VOYEURISTAS IMPROBABLES)

sábado, junio 17, 2006

In memoriam Gustavo Flavio

Breve viaje a Veracruz, que tiene una de las mejores y más subestimadas gastronomías de México.

En Catemaco los tradicionales tegogolos son una maravilla, fresquísimos preparados en pico de gallo, son unos caracoles de agua dulce con la consistencia ideal entre que le oponen la resistencia justa a la mandíbula mientras se les extrae todo el sabor.

También buenísimas las pellizcadas con momocho, que es el asiento del chicharrón. Además se prestan muy bien para alburear: "¿Tu novia no querrá una pellizcadita de momocho?"

En Alvarado el restaurant La palapa de Mauricio debe ser de los mejores lugares en el país para comer mariscos. ¡25 ostiones, 20 pesos! (a 80 centavos cada ostión). Entre una orden y una chelada con ostiones me comí como 50. También tienen hueva de naca [sic], y un caldo como para una flota de pescadores de un pez natural del Papaloapan que se llama... se me olvidó, luego lo anoto por acá.

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viernes, marzo 31, 2006

Acabo con ellas o ellas acaban conmigo

Del blog de Memo Vega:

El otro día andaba medio deprimido. Sentado, solo, en la mesa de la cantina, se me acercó un parroquiano, un hombre como de sesenta años, canoso, flaco, curtido, con el rostro encendido por el sol o por el alcohol o por ambos. Quién sabe qué tan mal me ha de haber visto, que me dijo:

- Sea lo que sea, no vale la pena preocuparse demasiado.
- ¿Por qué?
- Culito que ha de ser de uno, solito viene y se ensarta.
No me quedó más que asentir. Lo invité a que se echara una copa conmigo, pero me dijo que él ya tenía suficiente por ese día.
- Me pasé toda la tarde peleándome con una botella de tequila. A ver quién terminaba antes con quién: si ella conmigo o yo con ella.
- ¿Y quién ganó? -dije estúpidamente.
- En eso nadie gana, compañero. Porque si te la bebes, te la chingas a ella y de todos modos te chingas tú, y si no te la bebes, sale lo mismo, porque las botellas se hicieron para beberse, y si ya la compraste y no te la bebes, pues nomás la desperdiciaste.
- Entonces por eso tampoco vale la pena preocuparse demasiado. Se me quedó viendo con la mirada vidriosa, sonrió beodamente y me dio una palmadita en la espalda:
- Me da gusto que aprendas rápido.

Y se fue.Pedí una botella de tequila. Se me ocurrió que con las mujeres es lo mismo que con las botellas de tequila: o ellas acaban contigo o tú acabas con ellas. Seguí pensando en ese culito que tendrá que ensartarse de todos modos. Terminé con la botella, o ella conmigo, a esa hora ya daba igual. Pedí un taxi y me fui a dormir.Cuando desperté, había un mensaje de ella en el celular: "Me voy a Ixtapan de la Sal. Regreso hasta el sábado. Besos".

En el refri no había ni una pinche cerveza.

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