CUADERNO DE NOTAS DE GONZALO SOLTERO
(PARA IDEAS ESCURRIDIZAS Y VOYEURISTAS IMPROBABLES)

martes, febrero 06, 2007

De qué va

Acá va una primera sinopsis de lo que estoy escribiendo ahora.


NEGRA SIMIENTE DE LA ESCRITURA

“Macbeth” de William Shakespeare lleva como cauda una tradición funesta que ha convertido en varias ocasiones esta tragedia literaria en una real. Con frecuencia los actores resultaron asesinados en escena o estuvieron a punto de ser aplastados por la escenografía. Algunas versiones atribuyen estas fatalidades a que los diálogos y hechizos de las brujas que en ella aparecen contienen magia auténtica. Incluso mencionar el título de la obra en un teatro trae mala suerte, como si la palabra misma condensara algo de esos conjuros.

Según descubrimientos recientes el Universo está conformado por algo que los científicos no han podido definir, pero que nombran: “materia oscura”. La Biblia describe como primera tarea divina separar la luz de las tinieblas mediante la palabra . Por su parte, el Evangelio de Juan asevera: “En el principio fue el verbo.” La palabra y la escritura también son consideradas sagradas por el Corán, mientras que el Zohar afirma que el alfabeto es la materia del universo. ¿Coincidencias? ¿O es posible que la palabra, de ser moldeada según ciertos principios, pudiera pulsar las fibras más sensibles del universo?

Ernesto Sabato, quien refiere en su obra una y otra vez la naturaleza impenetrable y oscura del mundo, dice en Abbadón, el exterminador : “Símbolos, letras y cifras. Salen de la magia antigua, de los gnósticos y del Apocalipsis según San Juan.” De aquí surge el poder de invocación de la literatura. La palabra es una semilla, oscura de tinta, que brota de las obsesiones de la humanidad y germina en el fermento de la imaginación con potencial a veces ilimitado.

Negra simiente de la escritura será una novela que explore estas conjeturas a partir de la siguiente trama, cuya primera versión a continuación se esboza:

Reinaldo Hilcen se encuentra en Londres becado para realizar un doctorado sobre William Shakespeare. Mientras lleva a cabo su investigación en la Biblioteca Británica se topa con un expediente peculiar. No se vincula directamente con su tema de tesis, no está ni siquiera seguro cómo se cruzó en su camino, pero asocia los años perdidos de Shakespeare (1585-1592) con una sociedad secreta.

Hilcen comienza a seguir el hilo de esta madeja. ¿Existe, como sugiere el expediente, una cofradía secreta que se oculta tras el nombre umbra sumus, lema y esencia de la organización? Un ejército de sombras de origen y conformación orientales, siempre en los entretelones de las intrigas más abyectas y del tráfico de las mercancías más viles. Sólo se ha podido detectar su presencia cuando ya no están, cuando han escapado de un asunto para comenzar el siguiente.

La leyenda sugiere que en el año trece del segundo emperador Manchú (Kiang Hsi) un monasterio de monjes guerreros fue reclutado para derrotar una rebelión en Fukien. Como recompensa el monasterio recibió poder imperial, pero luego el emperador percibió en estos monjes budistas una amenaza y envió al ejército. Sólo 18 monjes escaparon; cinco sobrevivieron a la persecución. De estos cinco, se cree que cada uno fundó un monasterio, una sociedad secreta. Se infiltraron a Europa en la Edad Media, posiblemente con el regreso de Marco Polo: emisarios que actuaban sólo de noche, embozados por la oscuridad para ocultar los rasgos que los hubieran puesto en evidencia de inmediato.

La investigación que Hilcen lleva a cabo, ahora en las calles más que en las bibliotecas, lo lleva a la ex mezquita Jame-e-masjid, al este de Londres. Fue construida como iglesia en 1743 por hugonotes que huían de la persecución en Francia y que se dedicaban al tejido de la seda. En 1809 los hugonotes salieron de ella y una congregación metodista se mudó para 1819. Después, entre 1898 y 1976 aquel edificio en la esquina de Fournier Street y Brick Lane fue la Gran Sinagoga de Spitafields. Pasó finalmente a ser una mezquita bengalí que cesó de funcionar hace apenas unos años. Este tránsito de cultos tan distintos por el mismo edificio fue propiciado por la sociedad, que ahora lo ocupa como cuartel general.

Umbra sumus, al igual que la mafia china de la cual se desprende, opera en triadas. El término “triada” fue acuñado por las autoridades británicas en Hong Kong para referirse a la figura triangular del carácter chino para “sociedad secreta”. La forma de este símbolo tipográfico indica un subtexto religioso pues representa unidad entre el Cielo, la Tierra y el hombre. Ya que la seda fue una de las primeras exportaciones chinas, y tejerla el oficio de los hugonotes que construyeron el edificio de Jame-e-masjid, no le resulta descabellado a Hilcen pensar que éste fue el modo en que umbra sumus maquinó su penetración en la ciudad.

El nombre de la sociedad, sombra somos, apela también a la esencia de su tráfico y a su temprana detección de las facultades que la palabra puede tener para afectar la realidad. Por eso la sucesión de religiones en el templo y en especial la larga permanencia judía, pues puede que la Cábala contenga los conocimientos más afinados con respecto a los principios que rigen a dicha semilla oscura e invocatoria.
Siglos antes estuvieron ya a punto de lograrlo. Reinaldo Hilcen elucubra que debió haber sido el propio Shakespeare quien descubrió esta simiente durante sus años perdidos, pero luego se negó a proporcionárselas. Los resultados, sin embargo, son evidentes en su obra, principalmente en sus tragedias aunque también en el hermetismo de su poesía. Dentro de sus sonetos destacan los que dedica a la Dama Oscura cuya identidad permanece como un misterio, pero podría tratarse de la Negra simiente de la escritura.

En sus últimos años, Shakespeare abandonó las tragedias y se dedicó a escribir sus romances tardíos que terminan en finales felices como “Cymbeline”, “El cuento de invierno” o “La tempestad”. Consciente del poder de sus propias invocaciones buscaba un final feliz para sí mismo y para el futuro de su obra. Aunque lo logró, parece que en sus últimos días la sociedad halló su rastro. Consiguió, sin embargo, burlarlos. Shakespeare sigue enterrado a 17 pies de profundidad en la Iglesia de la Santa Trinidad de Stratford-Upon-Avon. Su epitafio fue escrito por él mismo:

Buen amigo, en nombre de Jesús abstente
de escarbar el polvo que aquí me encierra.
Bienaventurado sea quien dispense estas piedras,
Y caiga una maldición sobre el que mueva mis huesos.


Todo sugiere que alcanzó a llevarse el secreto de la Negra simiente de la escritura a la tumba, y la usó por última vez para sellar sus restos y al propio secreto contra quien quisiera profanarlo.

Desde entonces umbra sumus ha seguido tras esta simiente por otras vías. Hilcen comienza a tantear el riesgo que esta sociedad representa en estos momentos por la cantidad de ciudades en las que sus triadas tienen presencia. Actualmente hay 60 millones de chinos viviendo fuera de su país, forman la minoría más grande de expatriados que hay sobre la Tierra. A donde quiera que emigran siempre han creado barrios chinos que se ubican estratégicamente cerca de los centros de la ciudad y los núcleos de poder. Pero al tratar de comunicar los resultados de su investigación, Reinaldo es acusado de racista y de ser políticamente incorrecto por organizaciones civiles chinas, sin duda vinculadas a la sociedad, y es deportado a México.

Reinaldo ha aprendido que no hay frontera lo suficientemente sólida como para contener a las sombras. Según sus indagaciones, ahora umbra sumus está comenzando una operación de tenaza sobre occidente por ambos extremos del hemisferio: continentalmente hasta Londres y el Atlántico y por el Pacífico vía la Ciudad de México. Esta sociedad ha diversificado sus actividades. Mediante medicamentos herbolarios para bajar de peso, aumentar la potencia sexual y demás soluciones que sólo atienden la vanidad y la inseguridad de la gente, sus fantasías y fantasmas, buscan controlar su voluntad. La farmacopea china es la más antigua y mejor estudiada del mundo. Además de las razones geopolíticas, están aquí porque la farmacopea mexicana junto con la hindú son las otras dos principales. Con los conocimientos de estas tres culturas reunidas y la mano de obra más abundante y barata del mundo, la mafia china puede maquilar cualquier producto que precise, así sea un té o un satélite.

Hilcen adopta como centro de operaciones La Pagoda, una cafetería china abierta las 24 horas que se ubica equidistante entre la calle de Dolores, el Zócalo y la Merced, donde se encuentran varias maquilas de herbolaria. Durante sus largas noches de guardia Reinaldo se enamora de Lolita, una mesera de rasgos aniñados que trabaja el turno de madrugada. En medio del romance que comienzan, ella le descubre que ha tenido trato con la sociedad, incluso con Leotar Zong-Leoso, líder supremo de umbra sumus que opera desde la Ciudad de México.

Zong-Leoso está cada vez más cerca del vínculo entre magia y literatura que puede darles el medio para que la gente consuma masivamente sus productos. Hilcen detecta que esta respuesta debe encontrarse también en el Centro, entre Santo Domingo (donde confluyen las librerías de Donceles, las imprentas y los escribas) y el mercado de Sonora (donde despachan brujos y se venden todo tipo de yerbas y artilugios mágicos.) El punto intermedio es el Claustro de Sor Juana, lo que resulta natural pues la monja jerónima parece haber tenido conocimiento sobre la Negra simiente de la escritura.
En la culminación de la novela Reinaldo y Lolita se verán perseguidos por la sociedad secreta que está a punto de cumplir sus planes, y su única salida (y tal vez la de todos nosotros) será utilizar lo que han descubierto sobre la Negra simiente de la escritura para defenderse e invocar para sí mismos el más feliz de los finales.

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lunes, diciembre 18, 2006

Breve y muy simple propuesta para arrancar la escritura de una novela

Este método no lleva garantía alguna, simplemente propone atacar el miedo a la página en blanco con una receta tipo abuelita. Como dijo Arquímides: “Dadme un punto de apoyo y moveré al mundo.” Y este cuando menos es un punto de partida.


Se parte de la siguiente estructura, que se desglosa más abajo.

a) número de capítulos
b) eventos clave
c) hoja por capítulo
d) llenar cada hoja-capítulo
e) Desarrollo en computadora
f) Corrección


a) Como primer paso se anota una lista con el número de capítulo tentativo.
Por ejemplo.
1.-
2.-
3.-
...
18.-
O los que se crea que va a tener la novela

b) Después hay que pensar cuáles son los eventos clave de la novela que se está pensando e irlos acomodando en estos capítulos.

c) Como siguiente paso hay que adjudicar una hoja en blanco a cada uno de estos capítulos.

d) En cada una de las hojas hay que escribir las ideas que corresponden al capítulo que esa página aloja. (también ubicar descripciones y sensaciones).

e) Desarrollo de las hojas en computadora o máquina.

f) Corrección del borrador. Si hay que agregar algo, hacerlo a pluma en una hoja aparte y luego engrapar.

Después el resto es repetir los pasos entre e) y f) hasta terminar.

Quién sabe, tal vez de esta humilde semilla, mucho trabajo y algunos años, alguien pueda sacar la nueva Pedro Páramo.

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lunes, enero 16, 2006

Más de Osvaldo y JFK

Deveras que hay temas que lo persiguen a uno. Desde Sus ojos son fuego, las ratas y cosas urbano-catastróficas como en los posts anteriores. Y ahora que empecé con "¿Quién mató a JFK?" y la idea para Osvaldo está en cinta, pues ellos. El viernes Claudia me trajo de Austria una copia del nuevo documental alemán, Cita con la muerte, que asegura que la muerte de Kennedy fue un complot de Castro. Patrañas, pero se supone que trae entrevistas con miembros del servicio secreto mexicano de entonces (todavía no la puedo ver por el desmadre de VHS entre PAL/Secam).

El Universal había sacado algunas notas al respecto el 4 y 9 de enero.

Y hoy Sandra Lorenzano me envía esta nota, que está buenísima, la respuesta de Lisandro Otero a la hipótesis, que no al documental, el cual no parece haber visto. Va la nota:


Cita con la muerte y la mentira en la TV alemana

La CIA y el asesinato de Kennedy

Altercom*
Lisandro Otero*

14 de enero de 2006

Un cineasta alemán, Wilfried Huismann, acaba de lanzar un documental «Cita con la muerte» por la televisión alemana, donde acusa a los servicios secretos cubanos de ser responsables de la muerte del presidente Kennedy. Olvida Huismans que la propia Comisión Warren desdeñó cualquier responsabilidad cubana. La maniobra actual trata de desviar la atención mundial sobre la inminente liberación del connotado terrorista Luis Posada Carriles, protegido del régimen Cheney-Bush.

Periodistas cubanos han respondido, con suficiente argumentación, sobre lo que es obvio a los ojos de todos: el magnicidio fue obra de los propios organismos de inteligencia norteamericanos en un golpe de estado estilo yanqui. La técnica del golpe de estado ha sido perfeccionada en América Latina: un general se suma el apoyo de una parte del ejército y depone al Presidente en turno.

En Estados Unidos la técnica del golpe de Estado ha sido afinada con sutiles entresijos. La deposición de Richard Nixon fue un golpe de Estado, de la misma manera que fue el asesinato de Kennedy, sólo que nadie lo registra de esa manera.

Después de recibir del Presidente Eisenhower un plan de ataque contra Cuba, el nuevo mandatario, John Fitzgerald Kennedy, lo aprobó reticente. Se trataba de invadir la isla por Playa Girón con una fuerza mercenaria que se entrenaba en Honduras. El proyecto se llevó a cabo y terminó en un estrepitoso fracaso. Kennedy encomendó a sus asesores, entre ellos a McGeorge Bundy, la posibilidad de cambiar de posición y estudiar la alternativa de abandonar la agresividad anticubana e intentar un acercamiento.

Tras el fiasco el Presidente desmanteló la antigua estructura de la CIA responsable de la catástrofe, entre ellos a su director, el artero Allen Dulles.

De otra parte estudió la posibilidad de detener el creciente compromiso de Estados Unidos en Indochina, que amenazaba con convertirse en un conflicto mayor, como después lo fue. Esto perjudicaba al complejo militar industrial que veía las posibilidades de ganancias mayúsculas por una guerra abierta en Vietnam.

La mafia ítalo norteamericana, que había tenido negocios con el padre de Kennedy en la época de la prohibición alcohólica y le había ayudado a ganar las elecciones presidenciales, estaba siendo hostigada por su hermano Bobby, Fiscal General que no cesaba de perseguir al cabecilla obrero Jimmy Hoffa, muy ligado a los gángster.

Bobby (Robert Kennedy) sostenía fuertes discrepancias con el jefe del FBI, el legendario J.Edgar Hoover, quien protegía a los mafiosos, que tenían pruebas de su homosexualismo y su afición de acudir a orgías de travestís, donde solía vestirse de mujer.

Esta política le creó al Presidente Kennedy un conjunto de enemigos letales: la mafia ítala, la mafia cubana, la CIA, los empresarios de la industria de guerra, el FBI, los petroleros texanos. Fueron estos quienes planearon y llevaron a cabo el magnicidio en Dallas. Lee Harvey Oswald, fue uno de los peones que la CIA empleó en la fachada del asesinato.

Para añadir ridículo al escarnio en la Comisión Warren, que investigó el asesinato, estaba uno de sus perpetradores, el propio Allen Dulles. El filme de Oliver Stone revela cuidadosamente el engranaje homicida que preparó y ejecutó el atentado.

En el grupo cubano que intervino en el atentado en Dallas están involucrados Luis Posada Carriles, Guillermo Novo Sampoll, Félix Rodríguez, Tony Cuesta y Orlando Bosch entre algunos notorios verdugos y matones. Un reciente libro del general retirado Fabián Escalante, quien en un tiempo fuera dirigente de la seguridad cubana, revela la intensa participación de los exiliados cubanos anticastristas en este sórdido golpe.

También ese grupo de hampones siniestros fue actor principal en la maniobra de espionaje que culminó con la deposición de Nixon.

Con la muerte de Kennedy culminó una época. Fue un lapso en el cual terminó la primera mitad del siglo veinte, la posguerra y el síndrome de Corea. La Casa Blanca entró en una era de refinado estilo y buen gusto. Cenas de gala para André Malraux, conciertos de Pablo Casals, redecoración de la mansión presidencial con los símbolos del americanismo original. Su esposa Jacqueline pasó a ser el símbolo de los tiempos de la nueva elegancia aunque era una snob, necia y tonta. Kennedy estaba aquejado de una débil salud y tomaba ocho medicamentos diarios pero no cesaba en su priapismo que le llevaba a tener una amante tras otra.

Fue sacrificado por grandes poderes ocultos, los mismos que apoyaron y auparon al mentecato George W. Bush a la presidencia.

Kennedy enseñó a toda una generación a aspirar a la conquista de las estrellas, plantó una quimera en la mentalidad de las nuevas promociones estadounidenses y al morir, traicionado por los suyos, nació el mito que enlazó su nombre al de otro gran patricio asesinado, Abraham Lincoln.

Altercom
Agencia de Prensa de Ecuador. Comunicación para la Libertad.
Lisandro Otero
Escritor y periodista cubano.

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miércoles, octubre 26, 2005

Inicio para Osvaldo

Osvaldo está en cinta podría comenzar por acá. Lo ideal es tener una parte un tanto indefinido que es el primero, y que encaja por el lado de la voz en la cinta y la propia voz narrativa. La segunda la historia principal, que es la que sucede en la actualidad. (Tal vez rebajándole un poco el tono Starsky & Hutch).

Es un rescate arqueológico de la capa mezosoica profunda, porque ya ni siquiera encontraba el archivo (creo que ni estaba en Word), desde ese lejano 1997.


Escupe y escapa


I



658 12 45
—El número que usted marcó está suspendido, disculpe las molestias que esto le ocasiona.
—Quiero que mis pensamientos se desvíen y me desvíen.

658 12 45
—El número que usted marcó está suspendido, disculpe las molestias que esto le ocasiona.
—Quiero suavemente enjuagar todos tus recuerdos.

658 12 45
—El número que usted marcó está suspendido, disculpe las molestias que esto le ocasiona.
—Quiero liberarte de esa última prisión que es mi memoria.

658 12 45
—El número que usted marcó está suspen...
—¡Me lleva la chingada!
—Y yo, ¿qué culpa tengo?
—... ¿Quién habla?
—No sé. No lo sé. Hasta ahora sólo había repetido aquello del número suspendido. Y tú quién eres.
—Soy Sebastián.
—¿Y a quién buscabas con tanta insistencia?
—A Casilda...
—¿Es tu novia?
—Es una larga historia.



II


La primera vez que defenestré a alguien fue por Casilda, pero igual, eso tiene poco que ver con esta historia. Casilda no, al contrario, ella es el eje alrededor del cual gira esta serie de acontecimientos: Casilda es la causa de todo.
Aunque las cosas empezaron mucho antes, todo estalló el día que le puse un ojo morado. Entraba por el pasillo central de la Facultad cuando vi que dos hombres la llevaban cada uno de un brazo. Obvio, eran judiciales, lo cual sólo podía significar que la persecución había comenzado.
Bajé la mirada para que no se fijaran en mí. Lo logré con ellos, pero no con Casilda. Sus ojos se inyectaron a los míos, sentí su mirada quemándome el estómago: estuve a punto de echarlo todo a perder. Seguí de largo. A mi izquierda percibí la entrada de la cafetería. No quise ni siquiera volverme para ver si había alguien conocido. Nadie podía ayudar.
A mi derecha apareció la puerta azul de aluminio detrás de la cual de vez en cuando había visto desaparecer a los trabajadores de intendencia. Un chaparrito de bata azul abría la puerta. Después de que pasó me metí tras de él dejando emparejado. La habitación era una bodega pequeña y mal iluminada. Miré por todos lados, sólo había pilas de libros, cajas amontonadas y algunos trofeos polvosos. En eso, el chaparro notó mi presencia.
—¿Y usté qué hace aquí? ¡Salga! Aquí no pueden entrar los alumnos.
Le respondí aterrizándole en la barbilla la trayectoria circular que mi brazo derecho le había impuesto a uno de los trofeos. La bata azul describió una curva impecable antes de caer sin estrépito sobre algunas cajas. El trofeo que había utilizado pesaba demasiado, así que lo deposité a un lado y empuñé dos un poco más ligeros. El que terminaba en un futbolista se amoldaba perfectamente a mi mano derecha, pero el otro tenía al final una Victoria cuyas alas me punzaban los dedos de la izquierda.
Empujé la puerta y salí de prisa. Los judiciales estaban a punto de sacar a Casilda de la Facultad. Me acerqué por detrás. El flujo de alumnos que entraban y salían me envolvió en la discreción de la multitud, pero un tipo que se recargaba contra la vitrina de novedades editoriales, de facciones imposibles de malinterpretar, me vio. Bajó una mano en dirección a la cintura, pero el trofeo de la Victoria se la desvió en el momento en que sacaba la pistola mientras el del futbolista se le estrellaba en plena sien derecha. Antes de que la pistola golpeara el suelo di media vuelta, levanté ambos brazos, y con todas mis fuerzas los dejé caer sobre los judiciales que llevaban a Casilda. Escuché algo crujir; tuve la certeza de que no se trataba del mármol de los trofeos.
Instintivamente dejé caer el de la mano izquierda. Las alas de la Victoria me habían dejado los dedos en un estado lamentable. Escuché un gemido en la dirección del primer judicial que había descontado; emulando el gesto del trofeo que todavía sostenía en la derecha, lo silencié con una de mis botas. Aventé el trofeo y tomé la charola del judicial que colgaba de su cinturón, embarrándolo todo de sangre.
Casilda recogió la pistola que estaba en el suelo.
—¡Dámela! —Le dije arrebatándosela.
La facilidad con que me la entregó me hizo ver que estaba a punto de un ataque de histeria. Alrededor la gente miraba sin entender un carajo, pero la presencia del arma los tenía a todos quietecitos.
Tomé a Casilda de un brazo y con un golpe seco le dejé ir la pistola a la cara. Se llevó ambas manos al ojo izquierdo. Al reconocer en las maldiciones que siguieron a un primer auch el tono ronco que su voz adopta en situaciones críticas, me di cuenta que recuperaba la sangre fría de su estado natural. Le pasé el brazo izquierdo por debajo del cuello y apuntándole a la cabeza grité:
—¡Alguien da un paso y la nena estalla!
Como no hubiera sido raro que más de un Spirit blanco nos esperara en el estacionamiento, no nos quedamos a ver qué resultado tenía mi amenaza; jalé a Casilda hacia el interior de la Facultad. Corrimos hasta llegar al aeropuerto y a brincos subimos las escaleras al segundo piso. Había poca gente fuera de clases, por lo que nadie nos estorbó el paso. Ahora la tenía agarrada de la mano, de la cual tiraba en un desesperado afán por alcanzar mayor velocidad.
Tan sólo unos cuantos chavos caminaban desperdigados a lo largo del pasillo por el que íbamos. Comencé a sentir que las paredes de ladrillo blanco se nos iban cerrando encima hasta volverse una película asfixiante que detenía nuestra carrera Llegamos al final del corredor.
—¡Por acá! —Me dijo Casilda, abalanzándose hacia las escaleras que llevan al tercer piso.
—No, por acá llegamos a Derecho. —Le rebatí en tanto abría de un empellón la puerta del salón 208.
Por suerte no había nadie en clase. Salimos al balcón que presentaba una vista completa de Las Islas: no parecía haber ningún movimiento más allá del normal. Recorrimos el balcón hasta su extremo, saltamos el borde que lo separa de la Facultad de Derecho, y entramos a un salón ocupado por varias fotocopiadoras.
Las señoritas que manipulaban las máquinas pararon su actividad al tiempo que nos dedicaban a Casilda y a mí una mirada de extrañeza a trío. Empujé la mesa que bloqueaba la entrada, tras la cual se formaba una larga fila de estudiantes en la que descubrí a Luis.
—Güey, necesito que me prestes tu coche, vida o muerte.
Luis sólo me respondió con una mirada similar a la de las señoritas que se dirigía a mi mano derecha. Me di cuenta que llevaba la pistola empuñada.
—¡Cabrón, que me des las llaves!
Luis levantó la vista para encontrar el ojo de Casilda, que comenzaba a tomar un tono violeta. Se metió la mano en la bolsa del pantalón y me extendió un llavero.
—Está donde siempre. —Nos dijo pasando saliva con dificultad.
—Gracias. Si te interrogan diles que te amenacé con esto en las pelotas. —Le respondí mostrándole por última vez la pistola que luego guardé entre el pantalón y la playera.
Casilda lo besó en una de sus atónitas mejillas, me quitó las llaves y se arrancó escaleras abajo. Yo la seguía, como siempre, la seguía de cerca, sin importarme a dónde me conducirían sus locuras.
Con Casilda al volante, no tardamos nada en llegar al Metro C.U. Entramos al estacionamiento público que queda un poco más allá de la entrada del metro, los peseros y demás ajetreo. Salimos del coche. Casilda se sentó sobre el cofre. Una rendija en el techo permitía que un haz de luz le iluminara el rostro. Se quitó de la cara un mechón de su pelo barrocamente rizado, y me miró. Sus pupilas adquirieron el tono azul marino que siempre toman cuando les pega la luz angularmente. Estiré una mano para acariciar su ojo maltrecho.
—Tienes un lunar dentro del iris. —Le dije entusiasmado con mi descubrimiento.
—Sí, ¿no lo habías visto?
Me le quedé mirando. Era increíble que tuviéramos esa conversación dadas las circunstancias.
—Mira, sólo hay dos alternativas: o salimos del país inmediatamente, o te vas ahorita mismo al periódico de David y haces una declaración que haga volar todo de una vez.
—¿Y tú?
—¿Yo? Yo acabo de descerebrar a dos judiciales, no hay nada que me mantenga en el país por los siguientes quince años.
Casilda sonrió. Sólo sonrió y acercó lentamente sus ojos entintados a los míos. Yo sonreí también antes de perderme entre la textura de sus labios, con conocimiento pleno de que en la curva de esa sonrisa se cifraba mi suerte.

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martes, mayo 10, 2005

Novela Bulwer-Lytton

Tal vez el siguiente proyecto, después de Invasión y de Más que cualquier otra cosa, pudiera ser una novela sobre el extraño momento de mediados del siglo XIX en Londres, que reunió a tres personajes tan singulares: Bulwer-Lytton, recordado por "The pen is mightier than the sword" y "It was a dark and rainy night". Tenía ciertas aficiones esotéricas, por lo que se juntó con algunos otros personajes como Waite (de la famosa baraja de tarot) y Lévi. Aquí va la entrada de la Wikipedia sobre este encuentro.

In 1854, Lévi visited England, where he met the novelist Edward Bulwer-Lytton, who was interested in Rosicrucianism as a literary theme and was the president of a minor Rosicrucian order. With Lytton, Lévi conceived the notion of writing a treatise on magic. This appeared in 1855 under the title Dogme et Rituel de la Haute Magie, and was translated into English by Arthur Edward Waite as Transcendental Magic.

Tal vez se podría juntar con algo muy exteraño, como algún funcionario de Juárez (que era masón) enviado en Londres y que se empieza a rozar con esta tribu.

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